De todos los días y las noches gloriosas de Boca, de todos sus grandes triunfos, de todos sus títulos, este fue el más grande. Ninguna victoria fue tan importante ni enorgulleció tanto al hincha boquense como aquella del 28 de noviembre de 2000. Esa noche de Tokio de hace 25 años clavados, primera hora de la mañana de la Argentina, el equipo legendario que dirigía Carlos Bianchi le ganaba 2 a 1 al Real Madrid de los galácticos y alzaba la Copa Intercontinental, que hace un cuarto de siglo valía lo mismo que ser el campeón mundial de clubes.
Boca venía de derrotar por penales a Palmeiras en San Pablo en la final de la Copa Libertadores de ese año. Y hambriento de más gloria, salió a comerles el hígado a los “merengues”. Les ganaba 2 a 0 a los 6 minutos del primer tiempo con dos goles de Martín Palermo. El primero tras un centro del “Chelo” Delgado desde la izquierda. El segundo luego de un sensacional pelotazo de Riquelme desde detrás de la mitad de la cancha. Palermo y Riquelme treparon esa noche al pedestal de los ídolos xeneizes y no se bajaron nunca más. Martín con sus goles. Román poniendo el partido bajo la suela después que el Madrid descontara con un golazo de Roberto Carlos. Pisaba la pelota y no se la podían extirpar.
Bianchi no la tuvo fácil para armar el equipo. Martín y Román ya estaban distanciados por una interna de vestuario que duró más de diez años y el plantel había tomado partido por uno u otro. No había química ganadora en la previa. El técnico se dio cuenta de eso y el día previo a la gran final debió alzar la voz para advertirles a los jugadores que estaban frente al partido de sus vidas. Y que como tal había que jugarlo y sentirlo.
El mensaje del gran conductor llegó. Córdoba, Ibarra, Bermúdez, Traverso y Matellán, Battaglia, Serna, Basualdo, Riquelme, Delgado y Palermo salieron al campo de juego del estadio Nacional de Tokio y se devoraron a ese Madrid altanero que tenía a Roberto Carlos y a Luis Figo como grandes estrellas. Hubo que sufrir hasta lo último. Pero se aguantó y se ganó. A lo Boca. Como manda la historia.
Los más de diez mil hinchas que costearon el viaje inacabable hasta la capital japonesa deliraron cuando se levantó la copa mas importante de todas las que Boca ganó a lo largo de sus 120 años de existencia gloriosa. La fiesta no fue menor en las calles de Buenos Aires y hasta en el pueblito más chico de la geografía nacional donde hubiera un “fana” xeneize. El partido terminó a las 9.02 de la mañana y el país boquense salió a celebrar aquella gran consagración de hace 25 años, Cuando el alma de Boca se paró en la cima del mundo.
