Durante una cena celebrada en el exclusivo Yacht Club de Puerto Madero, el presidente Javier Milei protagonizó un nuevo episodio de violencia verbal y desdén hacia la institucionalidad democrática. Con un tono exaltado, lanzó una batería de insultos contra dirigentes opositores, ex colegas legislativos y gobernadores que decidieron no sumarse al Pacto de Mayo, profundizando su estrategia de confrontación constante.
«¿La crueldad? Sí, soy cruel…», dijo sin reparos, dejando en claro su desprecio por empleados públicos, sectores populares y dirigentes provinciales. Palabras como “kukas inmundos”, “parásitos mentales” y “ratas” no fueron deslices, sino parte central de un discurso que parece más motivado por el odio que por la construcción de consensos en medio de una crisis social profunda.
En un contexto de creciente malestar económico y sin mostrar señales de autocrítica, Milei acusó a la oposición de querer “reventar el resultado fiscal” con medidas demagógicas y culpó a los gobernadores por no aplicar “el ajuste”. Una vez más, el Presidente eligió la provocación como única herramienta política, en lugar de ofrecer soluciones concretas a los problemas de los argentinos.
