La explosión emocional que significó la victoria ante San Lorenzo el domingo pasado, provocó que River tomara mayores recaudos futbolísticos para enfrentar a Gimnasia.
Los errores que cometió en el encuentro de octavos de final hicieron que asumiera este compromiso con mayor atención, sobre todo desde el punto de vista del orden y la concentración.
La medida le dio resultado en el comienzo, debido a que se posicionó en el campo platense, y se hizo dueño de la iniciativa. La última línea se instaló en la mitad de la cancha, y desde allí se fue apoderando del desarrollo.
Gimnasia esperó en su terreno y cuando recuperaba la pelota buscaba salir a toda velocidad, para aprovechar la rapidez de sus delanteros. Marcelo Torres fue precisamente el que tuvo la primera opción para convertir, pero su remate fue desviado por Beltrán.
Gimnasia llegaba al estadio Monumental luego de siete victorias consecutivas, y de cinco partidos sin recibir goles. La racha se quebró a los 27 minutos, cuando Driussi marcó con una gran definición, después de una acción muy buena de Colidio sobre la izquierda.
Los platenses salieron con más audacia a jugar el segundo tiempo, ya que la desventaja los obligaba a ir hacia adelante para no quedar eliminados. El técnico hizo ingresar a Zalazar por Nicolás Barros Schelotto, para tener más presencia en el área rival, y de a poco el equipo se fue acercando a Beltrán.
La situación más clara para los platenses la tuvo Conti, que cabeceó la pelota luego de un envío de Ignacio Fernández, y el arquero Beltrán reaccionó de manera brillante para sacarla por arriba.
La diferencia de un gol generaba ilusión en las aspiraciones de los visitantes, pero esa situación se diluyó a los 20 minutos, cuando Martínez Quarta ofreció una jugada descomunal. El marcador central recuperó la pelota cerca de la medialuna de su área, cruzó toda la cancha por el centro, se la cedió a Freitas por la derecha y siguió corriendo hacia el arco contrario. El arquero Insfrán no acertó en la salida y el de River la cabeceó para aumentar la ventaja.
El exterior, a diferencia de lo que se vivió ante San Lorenzo, fue festejo y respaldo a los jugadores. La victoria, más allá de la clasificación a las semifinales, también pudo haber servido para empezar a recomponer la relación entre el público y los futbolistas.
