Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados, quedó en el centro de la polémica tras la filtración de audios en los que incitaba a los legisladores de La Libertad Avanza (LLA) a interrumpir el debate con gritos e insultos. «Nada pacífico», exigió, en una muestra más de la degradación institucional que atraviesa el Congreso bajo su gestión. Lejos de promover el diálogo, Menem eligió el camino de la provocación y la violencia verbal.
Las órdenes del oficialismo fueron claras: generar un clima de caos en la sesión sobre el DNU del acuerdo con el FMI. En los audios filtrados, Menem pedía que «cuatro personas siempre estén listas para plantear cuestiones de privilegio» y que lo «insulten» para mantener la tensión. La oposición no tardó en reaccionar, exigiendo explicaciones que el titular de la Cámara evitó dar, desviando el debate y mostrando su incapacidad para liderar con seriedad.
Este nuevo episodio confirma lo que muchos temían: Menem ha convertido la Cámara de Diputados en un escenario de confrontación sin reglas, con estrategias propias de la vieja política que tanto criticaba. En lugar de garantizar el funcionamiento democrático, opta por el espectáculo y la obstrucción. La pregunta es cuánto más podrá sostenerse esta forma de gobierno sin erosionar por completo la institucionalidad.
MARTÍN MENEM, ENTRE EL AUTORITARISMO Y LA PROVOCACIÓN EN DIPUTADOS
