A dos años de la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada, las promesas que en campaña fueron presentadas como una “revolución” económica quedaron reducidas a consignas vacías frente a una realidad marcada por la caída del empleo, el cierre de fábricas y un consumo que se desplomó junto con el poder adquisitivo. La dolarización no llegó, el Banco Central no se cerró, la inflación no cedió como se prometía y el ajuste “necesario” terminó golpeando a los sectores productivos y a los hogares, que sienten día a día el deterioro en su calidad de vida.
El discurso oficial, que insiste en hablar de “orden” fiscal y “avance” económico, se sostiene más en argumentaciones retóricas que en datos concretos. El recorte del gasto no significó eficiencia sino desinversión: menos obra pública, hospitales con menos recursos, escuelas sin mantenimiento y jubilaciones comprimidas. La inflación, lejos de erradicarse, se maquilló estadísticamente sin mejorar la capacidad de compra, mientras la industria nacional retrocedió ante una apertura irrestricta que dejó a miles de trabajadores sin empleo.
En este escenario, el Ministerio de Capital Humano —presentado como emblema de sensibilidad social— no logró contener la creciente vulnerabilidad. Millones de personas vieron deterioradas sus condiciones materiales de vida y los programas sociales no alcanzaron para compensar el impacto del ajuste. Las promesas de fortalecer la educación y la salud pública tampoco se concretaron: los recortes pusieron en riesgo la calidad y el acceso a servicios esenciales.
Las privatizaciones parciales, la falta de un plan industrial, la caída de la demanda interna y la ausencia de una estrategia clara de seguridad terminaron por profundizar el deterioro económico y social. En definitiva, lo que iba a ser una “refundación” del país se tradujo en más precariedad, menos empleo y un tejido productivo fragmentado. Dos años después, la revolución prometida no llegó y la realidad expone lo que muchos definen como un proyecto que debilitó capacidades, desarmó redes de contención y dejó consecuencias palpables en cada hogar del país.
