Los enfrentamientos entre los gobiernos de Italia y España a causa de los miles de migrantes llegados a la ciudad española de Ceuta (norte de África) a fines de julio se agravan cada día más, pese a que no hubo migraciones hacia Europa. La prensa habla de que el tema migrantes está siendo usado por las derechas europeas para sembrar el pánico en la población y con eso ganar votos.
Luego de Ceuta, Italia y España se suspendieron el uno al otro el acuerdo de Schengen, un pacto europeo que se firmó por primera vez en 1985 y en 1999 se extendió a otros países. Rige en toda la UE y permite el ingreso de europeos y extranjeros, sin ningún tipo de control, a los países de la Unión Europea siempre y cuando hayan ingresado al primer estado miembro que visitaron en su viaje, con regular documentación.
Y al conflicto italiano-español ahora se agregó Alemania, que ha decidido expulsar a Italia a los migrantes venidos de Italia, donde llegaron de sus países originales.
La crisis se desencadenó entre Italia y España cuando el gobierno italiano de la derechista Giorgia Meloni decidió suspender el acuerdo Schengen con España, desde el 31 de julio, para evitar la llegada de los miles de migrantes que habían escapado a Ceuta, localidad pegada a Marruecos.
Pero los migrantes marroquíes nunca escaparon a Italia, porque el gobierno español logró devolverlos a Marruecos en pocos días. Se habló de 70.000 repatriados de los 72.000 que llegaron. Algunas organizaciones no gubernamentales dicen que más de 2.000 migrantes lograron esconderse; sin embargo, en Ceuta, al menos 141 se ahogaron en el mar en su intento por llegar a la ciudad española.
Un comunicado oficial del gobierno italiano de Meloni del 7 de agosto, especificó que “Italia no acepta ultimátum o imposiciones del exterior en lo que se refiere a la seguridad nacional y el control de las fronteras”, y “no tiene intención de rever la decisión de suspender Schengen hasta el 15 de agosto si no son excluidos todos los riesgos de seguridad y terrorismo para Italia”.
Y este comunicado fue de alguna manera la respuesta al pedido del presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, de aplicar nuevamente Schengen. En principio, los hechos de Ceuta estaban bajo el control de las autoridades españolas, según se informó oficialmente.
Pero Italia decidió continuar con la suspensión de Schengen, lo que produjo a su vez una igual medida de parte de España días después, en relación a los viajeros provenientes de Italia. La medida española fue interpretada por algunos medios casi como una suerte de “venganza” por la decisión italiana.
Italia, por su parte, no solo empezó a controlar los pasajeros que llegaban de España a los distintos aeropuertos italianos (lo que produjo grandes filas y retrasos en los vuelos), en una semana fundamental por el comienzo de las vacaciones veraniegas de agosto. Sino que también se hicieron controles en los puertos de todo el país que recibían turistas de España.
Desde la medianoche del 8 de agosto, España decidió responder a la agresiva medida italiana con la misma decisión, es decir, suspendió el acuerdo Schengen con Italia y empezaron los controles de todos los italianos que llegaban a los puertos y aeropuertos españoles. Los controles a veces se hacían solo sobre el 5-15% de los pasajeros. Sólo Fiumicino, el aeropuerto de Roma, recibe entre 55 y 60 vuelos diarios desde España. El flujo de turistas entre los dos países es importante. Según estadísticas nacionales, en 2025 viajaron 5.7 millones de turistas de Italia a España y 5.8 millones de España a Italia.
La Unión Europea (UE), a través del comisario de Asuntos Internos, el austríaco Magnus Brunner, manifestó su preocupación por estas diferencias. “La inmigración ilegal es un desafío común que se debe afrontar juntos”, subrayando además que “no es un terreno de batalla” entre las capitales que tienen diferencias políticas, dijo el comisario en un encuentro telefónico con los ministros del Interior italiano, Matteo Piantedosi, y el español Fernando Grande-Maraska.
Según Brunner, los dos ministros confirmaron “que los controles de fronteras internas son solo temporarios”. La UE, de su parte, quiere evitar la disolución del acuerdo de Schengen, pero apunta a fortalecer las fronteras externas, incluidas las de Ceuta.
No obstante las negociaciones entre los europeos y las advertencias de la UE, se espera otra crisis migratoria para el 15 de agosto en Ceuta, una crisis que los miembros de los servicios secretos españoles han definido como “creíble” y cuyos llamados a los migrantes para presentarse en la ciudad marroquina de Castillejos y luego dirigirse a Ceuta fueron difundidos por WhatsApp y por TikTok. Pero no se sabe aún quiénes han sido los promotores del evento.
