El Gobierno nacional fijó un aumento de apenas $6.000 para el Salario Mínimo, Vital y Móvil, tras la fallida negociación del Consejo del Salario. Según se informó oficialmente, la suba eleva el piso salarial a $328.000, muy por debajo de las expectativas de los gremios, que reclamaban incrementos de entre $190.000 y $414.000, y también de la propuesta empresaria, que había sido de $4.000. La decisión generó sorpresa y fuerte malestar en el ámbito sindical.
Desde las centrales obreras calificaron la medida como “irrisoria” y alertaron que el monto “no cubre ni remotamente la canasta básica”. Distintos sectores coincidieron en que el Gobierno tomó una resolución “unilateral” que vuelve a tensar la relación con los trabajadores, en un contexto de fuerte deterioro del poder adquisitivo. El debate sobre el retraso del salario mínimo vuelve así al centro de la escena económica y social.
