El Gobierno nacional celebró los últimos datos difundidos por el INDEC, que ubican el índice de pobreza en el 27,5% durante el tercer trimestre, lo que implicaría una caída de 10,8 puntos porcentuales respecto del mismo período de 2024. Desde el oficialismo destacaron la cifra como una señal de recuperación social y económica, en un contexto de ajuste fiscal y fuerte contracción del gasto público.
Sin embargo, el dato despierta fuertes cuestionamientos, ya que no se condice con la realidad cotidiana que atraviesan amplios sectores de la población. El deterioro del poder adquisitivo, la caída del consumo, el aumento de tarifas y el encarecimiento de alimentos y servicios esenciales contrastan con un número que, para muchos especialistas y actores sociales, resulta difícil de sostener fuera de los informes estadísticos. La distancia entre los indicadores oficiales y la vida real vuelve a instalar el debate sobre cómo se mide la pobreza y qué tan representativos son esos registros.
