EL BICENTENARIO TEÑIDO DE CAMPAÑA: BOLSONARISTAS Y EXCLUIDOS SALEN A LAS CALLES DE SAN PABLO

La ultraderecha entendió el Día de la Independencia como el día de Jair Bolsonaro: entre los cientos de miles que colmaron parte de la Avenida Paulista, en San Pablo, ninguno recordaba a Dom Pedro I, el monarca que declaró la separación de Portugal en 1822, sino que la figura de la fiesta fue «el mito», el presidente que busca la reelección el 2 de octubre.

A tres kilómetros de ahí, los votantes del líder opositor Luiz Inácio Lula da Silva organizaron un gigantesco comedor comunitario para asistir a las familias en situación de calle en la plaza ubicada frente a la central Catedral da Sé, en el centro de San Pablo, en un contraste típico de alguna serie distópica del siglo XXI, con estadísticas que indican que 33 millones no tienen para comer.

«Bolsonaro fue bloqueado durante todo su gobierno por la corte suprema y los gobernadores. Lo voy a votar de nuevo», dijo a Télam la confitera Patricia Lantinha, de 50 años.

Para ella, es el gran momento para la reelección de Bolsonaro. «El presidente dice cosas que a veces no me gustan, pero lo voté y lo volveré a votar. Vine acá porque no lo han dejado gobernar como quería. Estos actos demuestran que las encuestas están mintiendo», comentó.

A su alrededor, flameaban banderas de Brasil, de Estados Unidos y de Israel y un solo grito: «No al comunismo».

Grupos evangelistas cantaban «Lula ladrón, tu lugar es en la prisión», recordando que en la misma Avenida Paulista se realizaron en 2015 y 2016 las grandes manifestaciones en contra del Partido de los Trabajadores, convocadas en medio de la Operación Lava Jato, la causa judicial por corrupción que fue anulada por manipulación política contra del exmetalúrgico.

Marilia Silva Dias, de 33 años, ama de casa y pequeña empresaria del Gran San Pablo, dijo a Télam que en ningún momento se le cruza por la cabeza pensar que Lula volverá, pese a que las encuestas dicen lo contrario.

«La corte suprema está persiguiendo a Bolsonaro y muchos le piden que intervenga con las Fuerzas Armadas el tribunal», respondió.

David Filizola, afrodescendiente de 31 años, de la mano de su novio, Arthur, rechazó calificar a Bolsonaro de homofóbico. «Él trabaja por el país. No sé si va a ganar, pero estoy haciendo todo lo posible para convencer a mis amigos y familiares que voten por Bolsonaro. Espero que podamos salir de nuestras burbujas para lograr el voto de gente a la que no le gusta el presidente», comentó.

A pocos metros, una bandera decía «Gays Con Bolsonaro».

Ante la consulta de si se debe respetar el resultado de las urnas, la respuesta es unánime entre todos los consultados por Télam: no hará falta porque no hay posibilidades de perder.

El bolsonarismo logró la financiación de empresarios ruralistas cercanos al mandatario para llevar gente desde el interior de San Pablo, el principal estado del país, con 46 millones de habitantes.

Entre las consignas más cantadas por los bolsonaristas estaban el cese de la educación sexual en las escuelas y el clásico «Dios, familia y propiedad» y «Fuera comunistas».

Entidades de policías y militares retirados coparon parte de la avenida, donde varios grupos montaron escenarios para hacer discursos a favor del mandatario, que estuvo en Brasilia y en Río de Janeiro.

El 7 de septiembre del año pasado, Bolsonaro había dicho ante una colmada Avenida Paulista que no iba a aceptar los fallos del juez supremo Alexandre de Moraes, aunque luego pidió perdón. Este año, Bolsonaro llega al Día de la Independencia en el mismo clima beligerante con la Justicia porque las causas continuaron.

Los carteles de los manifestantes pedían intervenir militarmente en la corte dando un golpe. En varias lenguas, pedían que el mundo entendiera que Bolsonaro gobierna limitado por las instituciones como el Congreso y el Supremo Tribunal Federal.

Fue, para Bolsonaro, el mayor acto de campaña de cara a su reelección.

A tres kilómetros de la Avenida Paulista, en la Plaza da Sé, en el centro antiguo, no se veían accesorios dorados ni remeras amarillas y verdes, sino frazadas en las espaldas en un día lluvioso, con 18 grados.

«Olé Olé Olé, Lula Lula», se escuchaba en el lugar.

El grito de los Excluidos

Allí, al igual que en todas las capitales del país, se celebró la 28 edición del Grito de los Excluidos, el acto que organiza el Movimiento Sin Tierra (MST) todos los 7 de septiembre y que llama la atención sobre la historia oficial de que Dom Pedro I llevó adelante el grito de «Independencia o Muerte» en el arroyo paulista de Ipiranga.

El Partido de los Trabajadores (PT) de Lula y el resto de la oposición decidió no salir en forma organizada a las calles, dejando los actos del 7 de septiembre para Bolsonaro.

Desde las 7 de la mañana, las tiendas montadas por los movimientos sociales de izquierda y el Sindicato de Trabajadores Judiciales sirvieron para recibir a filas de varias cuadras de personas en situación de calle o que viven en el centro antiguo con heladeras vacías.

Inicialmente, se agotaron todos los víveres preparados para 5.000 personas.

Grupos católicos de base y movimientos de defensa de la vivienda social distribuyeron café, pan, frutas, jugo y ropa.

El coordinador de la Pastoral Obrera de la Iglesia Católica, Paulo Pedrini, dijo que San Pablo, la mayor ciudad latinoamericana, tiene unas 45.000 personas viviendo en la calle.

Para Pedrini, el Bicentenario fue una forma de ampliar el acto anual del Grito de los Excluidos para dar asistencia primaria a quien lo necesite.

«Nuestro futuro depende de mucha lucha. El Grito de los Excluidos trae un mensaje de esperanza, de un nuevo mundo posible», dijo la dirigente Rafela Villaça, del movimiento Feminismo Comunitario.

En el barrio de Ipiranga, en otro sector de San Pablo, miles de personas se preparaban para ir a los shows musicales gratuitos frente al Museo de Ipiranga, reabierto a toda pompa después de 9 años de restauración para el Bicentenario.

A su llegada, la multitud introdujo el clima electoral, muy alejado de Dom Pedro I, entonando el clásico «Fuera Bolsonaro».

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