El Tribunal de la Cámara Tercera en lo Criminal y Correccional de la Primera Circunscripción Judicial, conformado por los Dres. Sara Alicia López Douglas, Karina Daniela Cabral y Jorge Gamal Abdel Chamía, resolvieron condenar a Denis Walter Pereyra Fincatti a la pena de prisión de diez años de cumplimiento efectivo por hallarlo culpable de “Abuso Sexual Simple, agravado por ser el Encargado de la Educación de la Víctima y Promoción a la Corrupción de Menores Agravado por ser el Encargado de la Educación de la Víctima –Dos Hechos-, en Concurso Ideal”.

Además, declararon al hecho como Violencia Contra la mujer, artículos 3, 4° y 5° de la Ley 26.485, ordenando al Juzgado de Ejecución Penal a informar a los representantes legales de la menor víctima, todas las situaciones que se susciten en el proceso de ejecución, atinentes a la obtención de beneficios de salidas transitorias, semilibertad, libertad condicional y libertad definitiva del condenado, imponiendo en su caso medidas cautelares de restricción geográfica para tutelar judicialmente la persona de la víctima.

También, determinaron revocar el beneficio de la excarcelación que le fue concedido al condenado y ordenaron su inmediata detención, siendo ejecutada apenas finalizó el acto de lectura de la presente sentencia.

Seguidamente, el Tribunal le impuso que, durante el término de privación de libertad, sea sometido a tratamiento psicológico continuo y permanente, que le permita rehabilitarse y reintegrarse a la sociedad de forma útil, para poder continuar su vida.

Por último, se lo condenó a soportar las costas del proceso, debiendo efectuar el pago de los honorarios profesionales de la Defensa Técnica y la Querella particular.

Detalle del hecho:

Durante el periodo comprendido entre el año 2017 a 2018, el condenado, en calidad de profesor de clases de apoyo –maestro particular – de la víctima de 8 años de edad, aprovechó las circunstancias de encontrarse solos en la clase, en su domicilio particular, para llevarla a la cama de la habitación, donde la sometió a tocamientos impúdicos en sus partes íntimas, haciendo también que ella le tocara los genitales, todo ello con la excusa de la práctica de un juego que consistía en que, quien perdía, debía quitarse una prenda de vestir; advirtiéndole en cada ocasión a la niña que no debía contarle a nadie lo que hacían juntos porque él quedaría sin trabajo.

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